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miércoles, 25 de enero de 2012

Sabores locales para estómagos poco exigentes

Para nosotros uno de los mayores atractivos cuando llegamos a un lugar nuevo es el de descubrir nuevos sabores difíciles de encontrar en casa. En la mayoría de lugares en los que hemos estado nuestro paladar ha quedado encantado con las delicias locales. Sin embargo, también existen ciertas exquisiteces no demasiado aptas para los estómagos occidentales poco acostumbrados. Y las mismas ansias con las que uno llega a un lugar ansioso por experimentar nuevos sabores desaparecen tan pronto te plantan delante el plato en cuestión. A continuación os presentamos algunas de las delicias locales con las que nos hemos encontrado y aunque no parezcan del todo apetitosas nosotros nos lanzamos a probarlas… bueno, casi todas…

Ceremonia del Kava (Islas Fiji)
Esta especie de caldo que parece el resultado de lavar en un barreño unos calcetines embarrados es la bebida que comparten los isleños en sus reuniones sociales. El Kava se elabora con las raíces de una planta de la familia de la pimienta y el preparado final es una bebida agridulce y energética (solo así se entiende que puedan pasarse tantas horas bebiendo y bailando). Las raíces se machacan y se empapan en agua hasta que empiezan a soltar ese suquillo tan apetecible a la vista. El jefe de la aldea es el encargado de elaborarla y de repartirla tazón a tazón entre los invitados. Hay que tomarla de un solo trago (y eso que el tazón que utilizan es bastante grande) y viene precedido por palmadas y gritos de “bula,bula”. La primera vez que te lo tomas se te duerme la lengua (suponemos que por las propiedades de la raíz) y conforme más bebes, más se te pasa el efecto. No es que sea horrible de tomar (aunque sí, sabe a agua sucia) pero a la que llevas varios tazones es tu estómago el que toma la decisión de parar bebiendo.


Preparación del Kava


Al rico helado (Singapur)
En Singapur se mezclan diferentes tipos de cocina asiática y todos los platos que llegamos a probar estaban deliciosos. El problema llega a la hora de tomar el postre. En principio un helado puede parecer bastante normal: una montaña de hielo picado, varios siropes de sabores totalmente irreconocibles, gominolas varias… la sorpresa viene si no has visto cómo han elaborado el helado en cuestión. Las primeras cucharadas están bien pero el problema no tarda en llegar. A la que coges con la cuchara el relleno del fondo formado de maíz y demás legumbres varias cocidas. Creernos, la mezcla resulta simplemente incomible!


Descubriendo el relleno sorpresa...


Insecto que vuela, insecto a la cazuela (Tailandia, Laos y Camboya)
Este sea quizás el plato que más llama la atención a la hora de probarlo cuando uno llega al Sudeste Asiático. En Laos, una tapita de saltamontes fritos era el snack perfecto para acompañar una cerveza bien fría. Y no están malos del todo, al final es como si estuvieses comiendo cacahuetes. La variedad es inmensa, pasando desde los insectos más pequeños hasta los gusanos blancos más grandes y asquerosos que hemos llegado a ver!


Por variedad no será!


La joya de la corona, el Balut (Filipinas)
Considerado como una delicia, el balut es uno de los platos estrella en Filipinas, Vietnam y Camboya. Aunque el nombre pueda sonar apetecible si os decimos que el balut es un huevo de pato ya fertilizado con su embrión dentro cocido quizás ya no os parezca algo que llevaros a la boca. Normalmente se lo comen a palo seco y sólo le echan sal o vinagre. En Filipinas se lo comen a todas horas ya que es un plato muy energético y afrodisíaco… pero ni aún teniendo mucha mucha hambre hubiésemos sido capaces de hincarle el diente a tan preciada exquisitez!


Sí, a nosotros tampoco nos pareció una delicia...


viernes, 16 de septiembre de 2011

Vietnam, en la variedad está el gusto

Una de las delicias de visitar Vietnam es la cocina, de la que se conocen algo más de 500 platos tradicionales. Ante tanta variedad es dificil llegar a aburrir la comida en este país, lo cual supone un verdadero gusto si llegas a Vietnam procedente de algún país vecino en los que comer supone casi una rutina debido a la poca variación.


Además, la cocina vietnamita es muy sabrosa y saludable, comparable a lo que sería nuestra dieta mediterránea pero a la asiática. Encontrar un lugar dónde comer es realmente fácil, incluso en los pueblos perdidos de la mano de Dios es fácil darse de bruces con puestos callejeros o vendedores ambulantes. Y una ventaja más, la comida en Vietnam es realmente barata.


Como en el resto del territorio asiático, tanto el arroz como los tallarines son ingredientes básicos de la dieta vietnamita. Tanto que el pho, la sopa de tallarines, se come sobretodo para desayunar. La otra especialidad son los rollos de primavera, que se pueden comer tanto fritos como crudos y que se sirven con una salsa de pescado para mojar, aunque la mayoría de turistas preferimos la tradicional salsa de soja.


Cada territorio tiene sus propias especialidades culinarias. En las montañas del norte los sabores son algo más fuertes, con un predominio hacia los platos de carne, en el litoral abunda el pescado a la parrilla y en todo el país en general son unos devoradores de verduras y frutas ( la más rara de todas ellas es la fruta del dragón verde). Aunque es en las grandes ciudades donde se disfruta de mayor variedad de platos, la pequeña localidad de Hoi An es un auténtico tesoro para el paladar, con platos como el cao lao (caldo espeso con tallarines, verduras, picatostes y tajos de cerdo), los wonton fritos y la llamada rosa blanca (buñuelo al vapor relleno de gambas).


Y qué mejor forma de acompañar tanto manjar que con una bia hoi, la cerveza de barril más famosa del país. Es barata, siempre está fresquísima y se puede encontrar en cada esquina de cualquier ciudad. Una buena excusa para descansar, sentarse en la acera, charlar con los locales y observar la vida pasar.


jueves, 26 de mayo de 2011

Sabores del Mundo : Hong Kong

Un plus añadido a la hora de visitar un país es el de descubrir su gastronomía típica y se convierte casi en obligatorio saborear los platos locales como parte importante a la hora de profundizar en la propia cultura del país. Cuando se viaja hay que intentar degustar la cocina local... ahora bien, que te acabe gustando o que tu estómago acabe adaptándose al cambio ya es más complicado!

Uno de los grandes centros gastronómicos del mundo es la ciudad de Hong kong. A primera vista uno podría pensar que la gastronomía tendría que ser idéntica a la china. Y en cierto modo lo es. Pero Hong Kong también ofrece un interminable abanico de opciones mucho más internacionales, lo cual lo convierte en una buena opción después de pasar una larga temporada en países asiáticos cuyas dietas suelen ser algo limitadas.

Marchando una de pato!
Partiendo de la base que Hong Kong es una ciudad bastante cara comparada con sus vecinas de continente, comer puede resultar muy barato si nos movemos por barrios poco fashion o por los puestecillos locales.

Cualquier barrio está lleno de restaurantes que se amontonan a lado y lado de la calle aunque la mejor oferta culinaria, y la más variada también, se encuentra en la isla de Hong Kong. Uno de los platos típicos aconsejable a cualquier hora (aunque los locales lo suelen tomar en el desayuno) son los famosos dim sum, cocidos al vapor y rellenos de carne, vegetales, marisco y demás. Otro plato carismático son los dumpling (algo así como empanadillas cocidas en caldo) elaborados manualmente y que los locales engullen casi sin masticar.

Elaboración artesanal del dumpling

Y así es como quedan en el plato
Los noodles es otro elemento imprescindible en cualquier plato y lo habitual es comerlos en sopa junto con vegetales y porciones de carne. Al principio se hace algo raro zamparse unas costillas fritas dentro de una sopa pero uno acaba acostumbrandose rápido!



Lo bueno de la cocina de hong Kong es que pese a ser muy sabrosa apenas abusa de los picantes con lo que no resulta una bomba para el estómago. Aunque Eva suele más reservada a la hora de adentrarse en los sabores locales, durante nuestra estancia lo intentó con muchos platos pero quizás por mala suerte a la hora de elegir de una carta, los platos no acabaron por gustarle demasiado. Todo lo contrario que a mí, que me quedé entusiasmado con la comida local y hasta me dió pena no poder pasar más días y probar más cosas... es lo que tiene esto de viajar y probar lo local...hay gustos para todo!

Cultura de los palillos... a practicar!