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viernes, 9 de julio de 2010

Sabaidee Laos

Publicado por Ra y Eva

Aunque parezca mentira la fecha final del viaje se nos empieza a echar encima y con tantas cosas a hacer hemos tenido que decirle adiós bastante antes de lo que teníamos pensado. Finalmente han sido sólo un par de semanas y la sensación de que este país se merecía unos cuantos días de más para apreciarlo en todo su esplendor.


Dejamos Laos con un sentimiento contradictorio: el país en sí es una maravilla pero nos parece que nos dejamos muchas cosas en el camino por ver y hacer y nos entristece un poco.


Laos es un país en el que el color verde es el predominante allí donde dirijas la mirada…ya sea en las selvas intactas del norte, en los paisajes kársticos del centro o en los valles del sur. Las infraestructuras aún siguen siendo algo escasas lo que ayuda a que la naturaleza aún se mantenga “algo” más virgen que en los países vecinos. Del norte del país no hemos podido ver mucho…nos hubiese encantado hacer alguna excursión de varios días visitando poblados pero tuvimos que verlo fugazmente desde las ventanas de la furgoneta que nos llevó directamente hasta Luang Prabang.



El típico frenesís de los países del Sudeste Asiático se convierte en Laos en paz y tranquilidad… todo tiene su tiempo y lleva su ritmo y la gente de aquí se lo toma todo con una pachorra digna de mención. Las escasas ciudades (la capital tiene menos de 250.000 habitantes y la ciudad más visitada sólo 20.000) conservan aún un ambiente francés que les viene de la colonización… se nota en las casas coloniales y en la importancia que tienen los cafés y los croissants calentitos que nos hemos metido entre pecho y espalda cada mañana.

También nos esperábamos encontrar muchos más turistas del tipo “veinteañero fiestero” sobre todo en la parte central del país pero al ser temporada baja no hemos tenido que sufrirlos demasiado. La parte más “negativa” por decirlo de alguna manera ha sido que nos esperábamos que los lugareños fueran mucho más amables y sociables…pero a excepción de los niños que te regalan sonrisas sin parar nos hemos llevado un pequeño chasco con la actitud de muchos locales…no sabemos muy bien si es porque realmente los turistas les importan 3 pitos o incluso no les gustan. El otro tema que hemos llevado peor, en realidad Eva lo ha llevado, ha sido el de la comida…muy poquita variedad y acaba por hacerse bastante monótona…eso sumado al excesivo, según Eva, uso del culantro para especiar todos los platos.


Así pues dejamos un país que nos había generado muchas expectativas pero del que no hemos sido capaces de sacarle todo el provecho que se merecía…una lástima la verdad.


P.D: de Laos siempre nos quedará para el recuerdo las aventurillas de parchís en bici, en furgoneta, en tubbing, de copichuelas, etc,etc...



miércoles, 7 de julio de 2010

Centro y Sur de Laos

Publicado por Ra

Pasamos 2 días en la tranquila capital de Laos, Vientiane, ocupándonos básicamente de dos cosas: por un lado ponernos tiernos y sentimentales para despedirnos de nuestros compis de viaje las últimas semanas, a los cuáles echaremos mogollón de menos y por otro lado, obtener el visado para nuestro próximo destino Vietnam. Como resumen diremos que Vientiane no se parece en nada a cualquier otra capital del Sudeste Asiático…es un lugar sosegado, con poco tráfico, y con pocas cosas para ver y hacer… quizás lo único destacable sea la visita al Pha That Luang, según dicen el monumento nacional más importante de todo Laos.


De ahí agarramos un bus local que en apenas 6 horas nos dejó en Tha Khaek, una pequeña ciudad del centro de Laos en la que creo recordar llegué a contabilizar hasta 5 extranjeros (dos de los cuáles éramos nosotros) así que ya os podréis imaginar la de miradas que nos echaron los lugareños. Ha sido a partir de este punto que nos hemos ido encontrando al Laos más profundo dónde casi nadie habla inglés y apenas hay infraestructuras para los extranjeros… principalmente porque la mayoría se saltan estos puntos y bajan al sur directamente.



Así que por la noche y sin mucho dónde escoger nos decantamos por degustar algunas de las exquisiteces locales como saltamontes a la parrilla, pincho de algo asociado al pollo (eso espero) demasiado duro como para ser pollo, otra parte del pollo rebozada pero que de nuevo no parecía para nada ser pollo y finalmente algunos buñuelos dulces y salados…por supuesto qué decir que los dos primeros platos los probó únicamente el menda y el tercero lo probó Eva pero se lo comió íntegramente el menda…eso sí, de los buñuelos Eva repitió al día siguiente.


A veces todo lo bueno que tiene llegar a un sitio sin turistas también lo tiene de malo puesto que poca cosa podíamos hacer al estar casi todo cerrado (oficina de turismo, agencias, alquiler de motos…) así que al final optamos por ir en tuk tuk a inspeccionar alguna cueva de la zona. El paisaje kárstico es magnífico y ya de por sí valió la pena el viaje…de la cueva que visitamos mejor omitimos detalles porque fue un poco chusco en comparación a la que vimos en Vang Vieng.



Desde aquí volvimos a pillar otro bus local de unas 8 horitas hasta llegar a la ciudad de Paksé, centro neurálgico de toda la zona sur de Laos. Lo primero que pudimos constatar es que aquí ya hay más turistas y por lo tanto, más oportunidades de hacer cosas. Nosotros nos hemos decidido por alquilar una moto un par de días y explorar la zona de Champasak y la meseta del Bolavén.



De la zona de Champasak fuimos a visitar el templo religioso jemer de Wat Phu emplazado en medio de la selva. Comparado con sus vecinos de Angkor la verdad que se queda pequeñito pero queda compensado con el hecho que tienes los templos casi para ti sólo. De nuevo nos sigue sorprendiendo lo verde que es todo en este país.


De la meseta del Bolavén nos hemos decantado por visitar algunas de las muchas cataratas que hay por la zona. Se nota que cada vez más Laos se está haciendo al turismo porque ya empiezan a cobrar entradas por visitar mucho de los atractivos del lugar. También hemos aprovechado para hacernos con alguna provisión del café que cultivan en el Bolavén y que tiene fama de ser el mejor del Sud Este Asiático.




Las malas noticias han llegado al final del día…a Eva digamos que le han “perdido” su vestido favorito en la lavandería y yo me he enterado, después de seguir todo el Mundial desde el otro lado del mundo que no podré ver el partido de cuartos porque en el hotel hindú en el que estamos sólo se ven canales de Bolliwood…

Nuestra última escala en Laos ha sido el pueblo de Attapeu. Desde aquí partiremos mañana bien tempranito camino a la frontera con Vietnam… mientras nos hemos recorrido las dos calles principales en busca de alguna señal de vida… aquí la mayoría de la población ya es vietnamita (por eso de estar tan cerca de la frontera) y la verdad que ya se les nota en el carácter…algo más intrusivos que los laosianos. De la última noche en Laos el único recuerdo que nos llevamos es un dolor de espalda y cuello considerable… el culpable ha sido el peor colchón en el que haya dormido nunca… sólo diré que el suelo estaba mucho más blandito…


jueves, 1 de julio de 2010

Parchís Forever!

Publicado por Nàdia y Didac

Lo que parecía para nosotros unas simples vacaciones turísticas para echarnos unas risas con nuestros amigos, se han convertido en un fantástico viaje lleno de aventuras, imprevistos y anécdotas para recordar. Hemos pasado 3 semanas de ensueño.


Nuestra llegada al aeropuerto de Singapur fue emocionante. Entre las pastillas de la Nàdia, los nervios del Dídac para pasar el control de aduana y el reencuentro con Eva y Ra, era para darnos un síncope. La primera tarde, todos juntos paseando por Singapur, nos sentíamos diferentes. Después de 5 meses sin vernos, era una situación extraña, aunque después de un ratillo de risas, nos dimos cuentas que todo seguía igual entre nosotros.

Nuestro primer destino fue Kuching, donde vimos cosas espectaculares, el parque nacional de Bako y el de Semengoh nos dejaron con la boca abierta. También hay que decir que el “gran resort” donde dormimos (habitación de 1mx1m con colchón en el suelo) nos empezó a enseñar lo que nos esperaba en este viaje.


Después de dos aviones, dos taxis, una barca y la caminata de nuestra vida, conseguimos alojamiento en las Perenthian. A pesar de que nosotros esperábamos una isla menos explotada, pasamos momentos inolvidables. Las playitas de arena blanca con agua de color turquesa, el snorkel, los “paseos” por la selva y nuestras grandes cenas con mojitos, hicieron de las islas un lugar para recordar.



A partir de aquí nuestro viaje ha sido un no parar. Kuala y su mercado nocturno volvían locas a Eva y a Nàdia (incansables en el arte del regateo), mientras los chicos disfrutaban del Mundial. De aquí a Chiang Mai, el norte de Thailandia, la ciudad de los 300 templos nos encantó. No sabemos si fue por la acogedora ciudad o por el regalazo del masaje que nos hizo Raúl, pero nos quedamos con muy buenas sensaciones de este lugar.


Para dirigirnos a Laos, cambiamos el transporte aéreo por nuestros amigos conductores de “minivans”, en las cuales hemos pasado un montón de horas que nos han dejado en más de una ocasión con los huesos molidos. De Luang Prabang nos quedamos con la última noche, nuestra verbena particular. Una típica barbacoa laosiana acompañada de Beerlao y cocktails, hicieron que pasásemos una de nuestras mejores veladas.



Cogiendo otra fantástica furgonetilla donde no podíamos ni parpadear y Nàdia echó su primera papilla, llegamos a Vang Vieng. Nuestra excursión en bicicleta nos ha dejado unos buenos gemelos y unas cuantas agujetas en el trasero. Lo mejor de Vang Vieng: el Tubbing. Bajar un rio con un neumático, tirarse en tirolina, jugar un partido de vóley en un barrizal y parar de bar en bar a tomarnos unos buckets… hubiese sido para repetir. Lo más grande de todo, nuestro hurto descarado de un neumático (el cual previamente nos habían quitado a nosotros), a un grupo de ingleses que intentaron recuperarlo sin éxito hasta el final de la travesía.


Con estas cuatro líneas, hemos intentado resumir nuestro viaje, aunque no tenemos suficientes palabras para describir lo que hemos vivido durante estas semanas. Nos hemos sentido parte de esta gran aventura que están realizando Eva y Ra, y tener que marcharnos nos produce un gran sentimiento de pena. Nos llevamos con nosotros una mochila llena de estupendos recuerdos y una experiencia irrepetible.

Tenemos que darles las gracias por dejarnos compartir esto con ellos y organizarnos el mejor viaje de nuestra vida.

Evi y Ra, os esperamos con los brazos abiertos en Vilassar, os echaremos de menos!

martes, 29 de junio de 2010

El robobo del tutubbing

Publicado por Ra y Eva

La mañana que había empezado con un madrugón considerable para ver a los monjes mendigar y que acabó con una pequeña tormentilla no continuó de mejor manera que dijéramos. Después de almorzar nos metimos en otra mini furgo ( esta vez más mini aún y más apretada de peña) para pasar las siguientes 8 horitas de nada dando brincos en los asientos dejándonos a todos el culo bastante molido….nos encanta desplazarnos por Laos!!!

El destino final era Vang Vieng, la parada en Laos más turística.


Y es que hasta aquí se desplazan cada día cientos de mochileros locos en busca de juerga. De nuevo, suerte tuvimos de no estar en temporada alta y la verdad que el pueblo (que en sí no tiene nada de especial) estaba bastante tranquilo. Vang vieng es famoso por dos cosas: la primera sólo interesa a los jovencitos con ganas de alcohol y fiesta y se denomina tubbing, o lo que es lo mismo, meter el culo dentro de un neumático de caucho y bajar por el río parando de bar en bar localizados en ambas orillas. La otra y la que interesa al resto de gente que para aquí un par de días es el espectacular paisaje kárstico que rodea esta región.

Estaba claro que una vez aquí y después de encontrar alojamiento económico en unos bungalows la mar de majos, nuestra idea era constatar que ambas atracciones eran merecedoras de tanta fama.


Así pues el primer día agarramos unas bicis para explorar los alrededores del pueblo. La idea inicial era hacerlo en moto pero no sé muy bien porque acabamos montados en unas bicis que la verdad no es que estuvieran muy preparadas para tal aventura. Alguien con dos dedos de frente alquilaría unas mountain bikes para recorrer unos caminos de cabras pero no los iluminaos de turno….nos hicimos con las bicis más baratas del pueblo…y si bien es algo bueno para el bolsillo no resultó serlo tanto para los traseros, espaldas y demás partes que acabaron sufrieron las consecuencias de unas bicis con cestito, sin marchas, sillón duro y con las cadenas saliéndose cada dos por tres.



Para más inri empezó a pegar un lorenzo de tres pares y el paseo que se presumía plácido acabó siendo una penitencia… eso sí, el paisaje nada más abandonar Vang Vieng es brutal… el camino es de cabras pero compensa el verte rodeado por unas montañas que parecen salidas de “Bola de dragón”…vamos, que estábamos todos esperando que de un momento a otro hiciera acto de presencia Son Goku con su nube mágica! Tras perdernos en los primeros dos desvíos acabamos dando con la cueva que queríamos visitar…y es que tanta montaña alberga una cantidad infinita de cuevas por descubrir. Al llegar a la cueva, agotaditos de tanto pedaleo y tanto calor, vimos cómo para entrar debíamos subir hasta arriba de la montaña…ole,ole y ole. Finalmente conseguimos llegar a la entrada y ya allí nos quedamos con la boca abierta.


Ante nosotros se abría una cueva inmensa llena de grutillas por descubrir, estalactitas y estalagmitas y pasillos resbaladizos y una cámara dónde reposaba un Buda… si la gente de allí ha de pegarse la pateada cada día para rezar vaya moral que tienen… gracias al par de linternas que llevábamos no tuvimos ningún percance y pasamos cerca de una hora recorriendo el interior de la cueva.


Una vez fuera nos volvió el bochorno que habíamos dejado de lado por un rato y volver a la cruda realidad de otros 7 km de vuelta al pueblo…a las 2 de la tarde y sin comer…viva los listos! La vuelta estuvo entretenida esquivando cabras y ataques de vacas cabreadas (o al menos esa es la versión de Eva cuando tuvo que esquivarlas…). Esa tarde claro está que la pasamos descansando... en momentos así entiendo un poco (pero sólo un poco) a los turistas que encuentras tumbados en los bares del pueblo, con una birra en la mano y con la mirada fija en la tv viendo episodios interminables de “Friends” o “Los Simpsons”…. los hay que llegan para un par de días y a la semana los tienen que recoger vegetales del suelo del bar.

Y al día siguiente tocó probar la otra actividad estrella, el tubbing. La verdad que de ver varios vídeos en internet no teníamos muy claro que tanta fiesta fuera con nosotros. El tubbing se ha convertido en un negocio muy pero que muy rentable para el pueblo…como todo el mundo que pasa por allí lo hace, se permiten poner el precio que les da la gana por el alquiler del neumático…y la fianza que das nunca la recuperas al 100% ya que o bien por llegar tarde o bien porque vuelves sin neumático siempre acaban quedándose con una parte.

Pero ahí estábamos los cuatro con nuestras cuatro ruedas en la línea de salida sin saber muy bien cómo empezar aquello…y es que te chutan con el neumático pero no te explican las reglas del juego…aunque sólo hacen falta 2 minutos para descifrarlas de los simples que son: neumático al agua, culo al agua, que la corriente te lleve y esperar a que de los bares te lluevan botellas atadas a una cuerda para rescatarte del río y arrastrarte a los bares… con lo que nos costó meternos en el río y al minuto ya estábamos recogiendo la primera cuerdecita…qué fáciles que somos… y es que como hay bares a lado y lado la competencia es feroz… no sólo en cuanto a los precios de las bebidas sino en tener la atracción para soltar más adrenalina (tirolinas, luchas de barro, toboganes…).


A Nadia lo que más le costó fue asumir que tenía que meter el culo en un río con el agua marrón chocolate (debido a las lluvias y la crecida del río) pero una vez lo metió casi nos cuesta la vida sacarla de allí!

Del primer bar destacar el partido de volley barro que nos pegamos los cuatro y los saltos en tirolina de los chicos.


Ni qué decir que acabamos de mierda hasta en las orejas y que hubo algún que otro resbalón en el barro… medalla de oro para el señor Didac y su espaldarazo en plena pista que dejó cómo víctimas un bañador y una camiseta inservibles!


De ahí y tras remojarnos el gaznate con algo de bebida local fuimos bajando el río hasta parar en otros bares. Antes de afrontar la bajada de 1 hora por el río sólo con el neumático paramos en el último bar dónde había un divertidísimo tobogán en el cual Di, Ra y Eva disfrutaron como enanos.


Y allí empezó todo… y es que el problema del tubbing son los espabilados que ya lo han hecho y que cuando repiten pasan de pagar el neumático y deciden sisárselo a los despistados que los dejan en el bar sin vigilancia. A nosotros nos fue de un pelo ya que nos dimos cuenta que mucha gente cogía tubos que no eran suyos y nos apoderamos de cuatro…pero por confiados a la que nos dimos la vuelta nos mangaron uno….y en nuestra cara!!!! Indignados conocimos a 3 españoles más sin neumático así que tuvimos que bajar el río 7 personas en 3 neumáticos…de risa vamos. En el río ya empezamos a idear el plan para recuperar neumáticos y la fianza que habíamos pagado…y como los españoles somos los reyes de la picaresca nos costó 10 minutos encontrar el último bar con neumáticos disponibles…los pobres ingleses echándose unas risas y unas birras en el bar mientras abajo las tropas españolas recuperaban la isla Perejil en forma de cuatro neumáticos. Lo malo de todo es que además de pícaros, los españoles somos unos escandalosos así que de un robo de guante blanco pasó aquello a ser el robobo de la jojoya con gritos, risas y felicitaciones a plena voz. Resultado: los ingleses se dieron cuenta y algunos se tiraron al río sin dudarlo a nadar como posesos en busca de sus neumáticos sisados…vamos, que nos faltaban brazos para remar y salir de aquel embolao… unos de los ingleses pilló a dos de los españoles que nos acompañaban y les estuvo dando la brasa toda la bajada hasta que no recuperó el neumático. Los demás mientras, admirábamos los increíbles paisajes y disfrutábamos de la calma del río



…hasta que llegamos al pueblo a devolver los neumáticos y nos encontramos con todos los ingleses que esperaban que les devolviéramos su dinero…a lo que nos hicimos los suecos…que esto también se nos da de cine… Total, unas risas, unas copichuelas y una tarde la mar de divertida y con anécdotas que contar.

De ahí a Vientián donde nos separaremos de Nadia y Didac después de haber compartido 3 semanas muy intensas.

domingo, 27 de junio de 2010

San Juan en Luang Prabang

Publicado por Ra y Di
Nos levantamos a primera hora de la mañana para cruzar la frontera y empezar nuestro camino por Laos, un país al que ya le teníamos ganas desde que el año pasado planeáramos ir de vacaciones pero que al final todo acabó torciéndose.

La cosa fue bastante rápida y sin darnos cuenta ya habíamos salido de Tailandia, cruzado el Mekong y entrado en Laos previo pago de los 35 US$ que los españoles debemos soltar en concepto de visa. Una vez con el pasaporte en regla tocaba buscar la manera de llegar a Luang Prabang de la forma más rápida posible. La primera intención era la de pasar un par de días un poco más en el norte del país pero viendo que a nuestros compis de viajes se les acaban los días decidimos bajar directamente hasta el primer punto de visita obligado. La manera que utiliza casi todo el mundo que entra por la frontera del norte es la de una embarcación típica laosiana que tarda unos dos días en bajar por el río Mekong hasta Luang Prabang. Seguramente sea toda una experiencia (aunque dos días sea algo cansino) pero como a las niñas no les hacía ni pizca de gracia lo de la barca nos tuvimos que buscar una alternativa terrestre, algo más cara. En principio era un bus de 15 horas nocturno pero a última hora y por el mismo precio del bus nos pusieron una mini furgo que en teoría tardaba sólo 10 horas…aunque acabaron siendo casi 13.


El trayecto en sí, sino fuera por lo pesado de la duración, es un continuo impacto visual. Nada más ponernos en marcha ya nos dimos cuenta que Laos poco tiene que ver con su vecina Tailandia… para empezar únicamente dispone de una carretera decente que atraviese la parte norte del país…y por decente se entiende un camino a medio asfaltar lleno de curvas que si llueve se inunda y en el que hay que ir esquivando a vacas, cabras, perros y niños.


Otra diferencia es el paisaje tan brutal que vemos desde las ventanillas de la furgo…lástima que con tanto meneo no nos quedara ni una foto decente para enseñar… subimos montañas cubiertas de una niebla tan intensa que apenas te dejaba ver tres metros adelante… atravesamos selvas teñidas de un verde intenso y salpicadas de pequeñitos pueblos donde los niños corren descalzos en su mayoría e incluso sin ropa. A primera vista Laos nos parece mucho más pobre que sus vecinos pero a los locales parece no importarles demasiado ya que viven alegres y relajados… ha sido entrar en Laos y el tiempo parece haberse vuelto un poquito más lento.

Al final llegamos a Luang Prabang hacia las 10 de la noche pero encontramos alojamiento bastante rápido. Nos instalamos en una pensión en la calle central, muy limpia y baratita de precio, casi unos 6€ al cambio, con tv y lavabo propio. Esa noche comimos algo rápido y directitos a la cama…estábamos reventaos de tantas horas embutidos en la furgo.

A la mañana siguiente alquilamos unas bicis para recorrernos la ciudad, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco. Si tuviera que buscarle algún detalle para definirla sería el color. Luang Prabang está llena de casitas coloniales estilo francés de un blanco casi nuclear que se mezclan con el verde de los árboles que envuelven la ciudad, el naranja intenso de las túnicas de los cientos de monjes que la habitan, el dorado de los templos, el marrón del Mekong que la envuelve y por si no fuera poco por el tuti frutti de colores de las telas y lamparitas del mercado nocturno.


Tras visitar algunos templos y subir al monte que hay justo en medio de la ciudad para verla desde arriba nos fuimos a comer y a pasar la tarde de la forma más relajada posible…como ya he dicho Laos me ha sorprendido por el ritmo tan relajado que tiene y que te contagia nada más llegar…una alegría después del frenesís de Tailandia o de Kuala Lumpur.



Nos dimos una vueltecilla por el mercado nocturno (como no) e hicimos tiempo hasta que nuestro estómago empezó a pedirnos candela. La intención era cenar en algún puestecillo del mercado y probar las especialidades locales pero una “pequeña” tormenta nos pilló en mitad del mercado mientras asistíamos incrédulos a la desaparición del mercado por parte de los vendedores…vamos, que ni los que venden bolsos robados en Las Ramblas desaparecen tan rápido cuando viene la poli… así que nos quedamos medio tiraos y viendo que se nos pasaba la hora de cenar acabamos debajo del parasol de un puesto de baguettes que había allí mismo comiendo bocatas de pollo y atún con un pan algo revenío…


Una de las cosas que hay que hacer al venir a Luang Prabang es asistir al ritual que cada mañana tiene lugar en la calle y con los monjes de protagonistas. Sobre las 5 de la mañana los monjes salen a recoger alimentos que la gente local le mete en los cestitos que llevan mientras que los cientos de turistas hacen fotos como locos y participan de la ceremonia. Así que nos pusimos el despertador aunque no teníamos mucha fe en si nos levantaríamos…al final así lo hicimos (menos Dídac) aunque nuestro gozo en un pozo al ver que llovía a cántaros…así que mientras las niñas esperaban en el balcón de la habitación por si amainaba yo me volví a la cama. Al final, nada de nada y sólo salieron los monjes novicios y con paraguas… como iban tan flechaos casi ni los vimos así que todos a la cama a seguir durmiendo.

Por la mañana nos metimos un buen desayuno (Luang Prabang está llena de panaderías con croissants calentitos y café recién hecho que nos hemos puesto finos los 3 días…) y pillamos un tuk tuk para que nos llevara a ver unas cascadas a las afueras de la ciudad muy típicas de ver.


Al estar a principios de temporada de lluvias las cascadas no bajaban con demasiada agua pero aún así pasamos un buen rato en las piscinas naturales de color turquesa que se forman por el río. Nos aventuramos a meternos a pesar del día medio lluvioso y de lo fresquita del agua… hasta que unos pececillos empezaron a rodearnos los pies y a darnos pequeños mordisquitos…


Esa noche como despedida de Luang Prabang y para celebrar la verbena de San Juan nos dimos un caprichito y fuimos a cenar a un restaurante con jardín y a la luz de las velas una típica barbacoa laosiana. Te plantan en mitad de la mesa un cubo con brasas y tú mismo te cocinas la carne, verduras, noddles y sopa… todo junto y revuelto.


La cena estuvo muy divertida y nos pusimos ciegos de comida…y de bebida, para qué negarlo. Así que del restaurante al bar de al lado a seguir con unas birras y unos cóckteles más…vamos, que al final de la noche de camino a la cama íbamos la mar de contentillos… fue un punto final genial.


P.D: a la mañana siguiente, antes de coger un bus hacia nuestro siguiente destino volvimos a intentar lo de levantarnos a las 5 de la mañana para ver a los monjes... esta vez teniendo en cuenta que nos fuimos a dormir bastante tarde la noche anterior… el resultado fue aún peor si cabe que la primera vez. Nadia esta vez ni hizo el intento de despertarse así que los otros 3 nos despejamos un poco y medio en pijama bajamos a la calle hasta que oh sorpresa! … la dueña de la pensión había cerrado con llave la puerta principal…ya nos ves buscando y remenando cajones como posesos para poder salir…y nada de nada…de vuelta al balcón de la habitación para verlo desde allí hasta que oh sorpresa otra vez!...empezó a llover y sólo volvieron a salir los novicios con paraguas y a toda castaña…
Moraleja : no por mucho madrugar verás a los monjes mendigar!!