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lunes, 20 de febrero de 2012

FILIPINAS: Cómo llegar y desplazarse

Empezamos hoy con el primero de una serie de capítulos dedicados íntegramente a nuestro próximo destino. Filipinas es quizás uno de los destinos menos conocidos dentro del circuito del Sudeste Asiático, aunque cada vez, más viajeros lo están incluyendo en sus rutas de vuelta al mundo.


La forma de llegar a este país es igual de fácil que hacerlo a sus vecinos Tailandia, Vietnam o Malasia: volando! y hasta aquí el gran consejo del día ;-). La manera más sencilla y cómoda sería optar por un vuelo directo hasta la capital del país, Manila, con alguna aerolínea como Iberia. Esta sería la opción ideal si la duración de vuestro viaje es corta. Pero también existe la posibilidad de volar a otros puntos fuera de Filipinas y de ahí luego entrar a Filipinas a través de una compañía low cost (Cebú Pacific si entramos desde Hong Kong, Tiger Airways si lo hacemos desde Singapur o Air Asia si es desde Kuala Lumpur). Esta opción suele ser la mejor si la duración de vuestro viaje es algo más larga ya que por un lado nos da la posibilidad de hacer escala en un destino nuevo y tomarnos un par de días para conocerlo, y por otro lado, muchas veces, Hong Kong o Singapur tienen ofertas de vuelos baratos con lo que ahorrarnos un dinerillo nunca viene mal.

Debido a las evidentes características físicas (Filipinas se compone de más de 7.000 islas) la forma más rápida de desplazarse por este país es por aire. Filipinas es uno de los países del Sudeste Asiático que cuenta con mayor número de compañías low cost que unen la mayoría de islas entre sí. Las de mayor confianza son la ya antes mencionada CebúPacific, Zestair y Airphil express
Moverse de isla en isla en avión no deja de ser un sistema bastante caro por muy baratos que nos cuesten los billetes y por eso existen otro tipo de medios de transporte mucho más económicos y en los que poder interactuar con la gente local… como siempre, la lentitud y la falta de horarios reales harán que utilizarlos sea una experiencia única.

La forma más utilizada para moverse de isla en isla, sin embargo, es por mar. Para cubrir distancias largas existe una amplia red de ferries. Son mucho más baratos que un avión pero, además de ser bastante antiguos, tardan muchas horas y uno nunca sabe del cierto cual será el horario de salida y mucho menos, el de llegada. Las rutas más populares suelen tener overbooking en la mayoría de sus trayectos (lo cual no es impedimento para montar a todo el mundo a bordo!). Cómo los viajes suelen durar tantas horas, lo más normal es que hayas de pasar la noche montado en un ferry. Las cubiertas suelen estar preparadas  con centenares de literas de plástico apiñadas entre sí. Aunque dormir, lo que se dice dormir, poco…además de compartir el espacio con la gente, también lo haces con los muchos gallos que transportan (los cuales no entienden de horarios de descanso) y con la siempre “silenciosa” sala de máquinas del barco.

A apretujarse todos!
Para distancias cortas por mar se utiliza la famosa bangka, unas canoas estrechas con balancines de madera. Normalmente se utilizan para hacer submarinismo o para moverse entre islas adyacentes. Los motores llegan a ser ensordecedores y la embarcación en sí no es que sea de lo más estable que digamos en caso que haya mala mar.

Bangkas ancladas en la playa de Boracay
Y si moverse por mar es curioso, no menos lo es desplazarse por tierra. Las pocas líneas de autobuses que existen (sólo en las islas más grandes) utilizan vehículos tan antiguos que lo normal es que te quedes tirado a medio camino viendo como el propio conductor intenta hacer también de mecánico con apenas un martillo como herramienta. Y a eso hay que añadirle la incomodidad… quizás los locales, al ser tan pequeñitos, estén acostumbrados pero los extranjeros lo llegamos a pasar mal embutidos ahí dentro.

A martillazo limpio con el motor...7 horas tirados en la carretera
El mejor remedio para evitar estas cajas oxidadas con ruedas son las furgonetas tuneadas a lo bestia con aire acondicionado. No suelen cubrir muchas rutas y son algo más caras pero más rápidas.

Tuneado Filipino
Para cubrir distancias cortas por tierra, el principal medio de transporte son los jeepneys, antiguos jeeps del ejército abandonados por los estadounidenses tras la II Guerra Mundial. Una vez modificados y adaptados con el típico toque filipino (colores chillones, faros de colores, imágenes de la Virgen María y caballos cromados) son la forma más rápida de moverse por la ciudad o entre pueblos. No hay paradas señalizadas, sólo necesitas levantar la mano cuando veas uno y montarte.

Cómodos, cómodos tampoco son...
Y finalmente, para el transporte local lo más utilizado son los triciclos o “habal-habal”, los rickshaws filipinos. Estos son un pequeño sidecar con techo unido a una motocicleta. Son extremadamente baratos y en ellos es fácil regatear. Suelen ser para 4 personas pero nosotros hemos llegado a meternos 6 con las mochilas respectivas. Además, es una forma genial de entablar conversación con los lugareños!


Opteis por la forma que opteis, lo que sí que teneis asegurado es un montón de risas y una experiencia única!

martes, 8 de junio de 2010

Filipinas, una grata sorpresa

Publicado por Ra y Eva

Cuando tomamos la decisión de cambiar China por Filipinas andábamos con un poco de reservas por saber si acertábamos o no… después de 21 días paseando por las islas de este país podemos respirar tranquilos ya que nos hemos llevado una gran sorpresa con Filipinas. No es que tuviéramos una idea negativa preconcebida del país pero sí un poco de reservas por todo lo que oyes acerca de él. Ahora mismo ya podemos llenarnos la boca diciendo que es de los países en los que nos hemos sentido más cómodos y de los que más pena nos da irnos. Tanto la belleza de las islas, la hospitalidad de la gente y la falta de “tópicos” asiáticos han hecho que hayamos disfrutado muchísimo del país.



El hecho de que te den un visado de 21 días gratuito ya es una buena forma de entrar al país (en Asia, por norma general el visado lo obtienes previo pago). Lo malo es que con 21 días no tienes ni para empezar con un país plagado de islas y dónde el transporte entre islas es lento, muy lento… los ferries son todos del año de la tana y la mayoría de rutas no suelen ser diarias así que hacer cuadrar el calendario es de risa. En contraposición existen autobuses para dar y tomar…eso sí, no importa el frío o calor que haga en el exterior, dentro del bus te congelas igual…es una de las cosas que no hemos entendido…¿pero si todos van tapados con mantas hasta arriba por qué no quitan el maldito aire?.

Lo que más nos ha llamado la atención son sus gentes: alegres, curiosos (hasta tienen un punto cotilla), charlatanes y siempre muy hospitalarios. Y qué decir de los niños, corriendo al lado de la moto cada vez que pasabas por su lado sólo por gritarte un “hello” y siempre haciéndote monerías…la verdad nos hemos reído mucho con ellos.


Hemos conocido mucha gente durante estos días y la mayoría de ellos eran locales. No sabemos muy bien porque pero aquí no hemos encontrado apenas turistas extranjeros (aparte de coreanos) y sí mucho turismo nacional. Quizás la razón sea meramente monetaria…o quizás sea que Filipinas es un país tan bello que para que van a ir fuera cuando aquí lo tienen todo… playas kilométricas de arena blanca y sin nadie alrededor, volcanes activos, montañas para perderse durante días…


Excepto en Boracay, donde nos hemos sentido como turistas en lata de sardinas, el resto de lugares que hemos visitado nos han encantado, tanto por la belleza como por la soledad… y este punto es altamente gratificante ya que en Asia deben quedar pocos lugares sin explotar. La comida es otro tema en el que hemos podido darnos un respiro de tanto noodle…aunque el arroz siga siendo el plato principal… comer en los puestos callejeros es, además de baratísimo, una experiencia en sí que te permite conocer las especialidades locales…y creo que pocas veces hemos tenido un menú delante nuestro…aquí solo necesitas levantar la tapa de la olla y señalar con el dedo que es lo quieres…eso sí, nos vamos sin probar (ni ganas) el balout (huevo con feto de pato o pollo podrido).

Hace unos 300 años Filipinas era una colonia española, y todavía se puede ver esos resquicios coloniales, tanto en la comida como en los nombres de la gente, ciudades e incluso palabras de la vida cotidiana, pero lo que más nos ha llamado la atención es la profunda devoción que tienen aquí por la religión. Aquí son católicos hasta la médula, puedes ver mensajes dirigidos a Dios por todas partes y las figuras de las vírgenes son enormes. Otro aspecto diferencial al resto de Asia es la ausencia de templos.


Y sobre todo nos hemos dado un respiro del frenético regateo que impera en otros países asiáticos. En Filipinas, con la excepción de los triciclos, el regateo es escaso y de muy buen rollo. Los precios suelen estar marcados y si no lo están y preguntas al vendedor, éste no se pasa 5 minutos pensando en qué precio pedirte sólo por el hecho de ser turista.

Todo lo anterior ligado a un amplio abanico de posibilidades de ver animales poco usuales en su hábitat natural y de la facilidad por acercarte a la cultura local hacen de Filipinas un país diferente dentro de la típica ruta asiática, la mayoría de veces olvidado. A nuestro parecer un verdadero error, aunque quizás este olvido es el que hace mantener el encanto al país al no verse, de momento, invadido por turistas.


P.D: ya está colgado el albúm de fotos de Filipinas...esperemos que os guste!

miércoles, 2 de junio de 2010

Una obra de ingeniería

Publicado por Ra

Nuestra última parada en Filipinas han sido los pueblos de Banaue y Batad en Cordillera. Después de tanta isla y tanta playa nos apetecía pasar unos días en la montaña y quitarnos un poco de encima tanto calor. Lo malo fue para llegar desde Boracay hasta Cordillera sin tener que pasar más de lo necesario en Manila. Nos costó algo así como dos días de viaje, dos ferries, 3 autobuses con aire acondicionado a toda pastilla y 5 horas tirados en medio de la carretera debido a que el último autobús dijo basta en plena subida y nos dejó tirados…y eso sí, como los Filipinos son muy suyos y no aceptan una derrota pues ya tenemos a los dos conductores intentando reparar el bús con apenas una llave inglesa. Yo no paraba de ver cómo iban sacando piezas, cómo si al bús le sobraran…el resultado era lógico, aquello no arrancó por más que lo intentaron y hasta entonces no les dio por llamar a la compañía para que enviaran otro de repuesto…


Así que tras 48 horas sin apenas dormir llegamos a Banaue, un pueblecito de las montañas a unas 8 horas al norte de Manila y puerta de entrada a las famosas terrazas de arroz de los Ifugao. El pueblo en sí son un puñado de casas con tejados de uralita sin más interés que el de encontrar transporte hasta el pueblo de Batad, el verdadero protagonista. Lo más interesante que hicimos en Banaue fue tirarnos en la cama y dormir largo y tendido para recuperar todas las horas de sueño que llevábamos acumuladas.


A la mañana siguiente dejamos las mochilas en el hotel y nos llevamos lo básico para un par de días de trekking por los valles. Un triciclo nos llevó directamente hasta el inicio de la caminata. Como no podía ser de otra manera, el inicio se hizo duro, durísimo…hasta el punto de traernos recuerdos de cuando caminábamos en Nepal horas y horas pero con la diferencia que aquí estábamos a pasando un calor asfixiante…y es que en Filipinas las montañas tampoco se libran de esta humedad sofocante.


Para cuando conseguimos llegar hasta arriba de la carretera ya estábamos completamente sudados y nos habíamos cepillado toda el agua que teníamos. Eso sí, la panorámica empezaba a valer la pena. Y lo mejor es que ya sólo nos quedaba bajar y bajar hasta llegar al pueblo de Batad en el que hicimos parada para comer en una terraza con vistas al verdadero espectáculo del pueblo, las terrazas de arroz, una obra de ingeniería de los Ifugao.


Tras comer nos dimos otro paseíto bajo un sol abrasador hasta las cataratas del pueblo y una vez allí un buen remojo que nuestros pies agradecieron sin duda alguna.


Nuestra intención una vez allí era desandar el camino y subir montaña arriba hasta llegar a otro pueblo y pasar la noche…pero entre que estábamos algo agotados y que de repente empezó a llover, nos decantamos finalmente por pasar la noche en una pensión de Batad, un pueblo que aún se mantiene tradicional y sin explotar por parte del turismo.




Allí coincidimos con un grupito de gente local que nos invitaron a unirnos a ellos y tomar unos cuantos chupitos de ginebra con jugo de mango…a Eva, por eso de ser chica, los chupitos que le daban no llegaban a un dedo…sin embargo conmigo fueron la mar de generosos. Por cierto, que el alcohol sirvió para matar el mal sabor que nos dejó la cena, un par de pizzas tradicionales de la zona…básicamente, una masa de harina y verdura hervida a tutiplén…y eso que las pizzas las pedimos de pollo y atún…

Al día siguiente de vuelta a Banaue con nuestros nuevos amigos filipinos y allí a esperar a que saliera nuestro autobús que nos lleve a Manila…esperemos que esta vez no se rompa nada ya que vamos con el tiempo justo para llegar al aeropuerto…así que cruzaremos los dedos que con lo creyentes que son aquí seguro que todo sale bien!

martes, 1 de junio de 2010

El precio de la fama

Publicado po Eva

Después de despedirnos de nuestros compañeros alemanes, nos fuimos a lo que para muchos es el paraíso filipino: La isla de Boracay. Para llegar a ella desde Dumaguete hace falta atravesar la Isla de Negros en bus, coger un ferry hasta la isla de Panay, volver a atravesar la isla en bus y coger otro ferry hasta Boracay… lo que viene siendo un montón de horas de autobús y una pasta en ferries y tasas que se inventan y que no sabemos muy bien para qué sirven, pero como todo turista pasa por aquí, se aprovechan… lo mismo que para coger un triciclo desde el puerto de Boracay hasta la White Beach, que es la playa donde están todos los hoteles. Nos pedían un precio exageradamente alto para la distancia que es, así que nos negamos, y pa chulos nosotros que nos hicimos los 2Km con las mochilas a cuestas …


Y es que cuando en 2007 declararon la playa de Boracay como la mejor playa del mundo, ésta se convirtió en el primer objetivo de todos los turistas de los países vecinos, principalmente Corea. Además de tener una maravillosa playa, este lugar también es el paraíso de los submarinistas, todo el mundo viene aquí para sacarse el PADI (que es el carnet de submarinista) o para hacer inmersiones ya que el coral y la vida marina es inmejorable (o lo era).


 


Para nosotros, después de todo el trayecto que hicimos para venir hasta aquí, la verdad que nos supo a poco. Si que tiene una maravillosa playa con arena blanca y palmeras, pero también tiene todo el litoral lleno de hoteles, restaurantes y tiendas, con su correspondiente subida de precios, comparado con el resto de Filipinas. Por la noche los bares compiten por quien pone la música más alta o quien tiene el mejor 2x1.



Todo esto hace que se le quite casi todo el encanto… Pero bueno, ya que estábamos allí lo mejor era disfrutar de todo aquello, así que nos pasamos unos días de relax tumbados a la bartola,

saboreando cóckteles 2x1 con sus correspondientes cortezas de pescado de acompañamiento, degustando comida local barata (difícil de encontrar por aquí) y bañándonos por la noche en el mar con la música de fondo.

Al final no hicimos submarinismo, ya que estaba lleno de gente por todas partes, pero nos entró el gusanillo de la curiosidad, así que esperemos probarlo más adelante.

jueves, 27 de mayo de 2010

Apo Island

Publicado por Ra

Y después de tanta fiesta, tanto bailoteo, tantas fotos y tanta cerveza de aquí para allá, a la mañana siguiente no había quién nos levantara a los cuatro de nuestras camas...lo malo es que Jochen y un servidor teníamos que ir a devolver las motos mientras las 2 princesas se quedaron sobando a pierna suelta...una vez en el pueblo compramos los billetes de ferry para nuestra siguiente parada, la isla de Negros, no fuera caso que nos quedasemos sin...aunque a mí la verdad no me hubiese importado nada tener que pasar otro día más en Siquijor.


Tras 1 hora en ferry ( de la cual pasamos 55 minutos durmiendo) llegamos a Dumaguete, ciudad de entrada a la isla de Negros (primera productora de azúcar del país). Aunque en las guías aparece como una ciudad modelo para el resto de Filipinas por su limpieza y belleza, la verdad que a nosotros no nos gustó demasiado...la limpieza no la vimos en ningún momento y la belleza...en fin, las ciudades de este país no podrían considerarse bellas que dijeramos...


Nuestro objetivo en Dumaguete no era otro que el de ir a Apo Island desde que conocimos en Siquijor a un belga que nos habló maravillas del fondo submarino de esta isla. Y aunque en principio no entraba en nuestros planes decidimos darle un voto de confianza y comprobar por nosotros mismos si era tan especial como nos habían dicho. Así que de nuevo con Jochen y María y con el reencontrado Fred nos fuimos a pasar todo el día siguiente a Apo Island para hacer snorkel en sus aguas...de momento sólo snorkel pero ya tenemos la vista puesto en el buceo....


Tras una horilla en bangka, la embarcación local de Filipinas y tras dejar a Fred en medio del océano para hacer la primera de sus 3 inmersiones del día, a nosotros nos dejaron en la playa del pequeño y rústico pueblo de la isla...el típico con calles de arena, perros echando la siesta en plena sombra y niños locales correteando arriba y abajo.



Tras pasar por caja (la isla es una reserva marina muy importante) nos enfundamos las gafas, tubo y aleta y de cabeza al agua. Sinceramente diré que lo que vi me gustó mucho más que las inmersiones en Australia. Fué como meterse en una pecera enorme llena de corales y peces de todas las formas y colores. Los cuatro nos lo pasamos en grande durante el tiempo que estuvimos en el agua...incluso a Jochen lo tuvimos que sacar a regañadientes de allí.

Como nos habían dicho que en el otro lado de la isla era fácil poder nadar con tortugas pues para allá que nos fuimos... al principio nadamos y nadamos pero no hubo suerte...el mismo fondo marino pero ni rastro de tortugas...ya estábamos a punto de dejarlo pero por cabezón que es uno que no salimos del agua hasta que al final nos topamos con una enorme tortuga. Los 4 estuvimos nadando a su lado durante un buen rato. Con lo lentas que parecen, es increíble lo rápidas que son dentro del agua...cada brazada de la tortuga se convertían en 5 nuestras...suerte que cuando subía a respirar a la superficie nos daba algo de respiro... al final ya no pudimos aguantar su ritmo y  la fuimos perdiendo de vista...todo el día en el agua nos empezaba a pasar factura...aunque nada comparado con sendas quemaduras que se llevaron las niñas por no protegerse las piernas y el culete.

Aquella noche volvimos a dar otra vuelta después de cenar...y de nuevo encontramos otra fiestecita en plena plaza...esta vez mucho más profesional con grupo en directo...suerte que terminaron prontito porque estabamos muertos! A la mañana siguiente nos despedimos de los que han sido nuestros compis de viaje la última semana ya que los días se nos acaban y aún nos quedan algunos sitios que queremos ver...el primero, lo que para algunos sigue siendo un paraíso, Boracay




miércoles, 26 de mayo de 2010

Estrenamos nueva sección!!!

Finalmente y después de unos meses trasteando con un editor de videos ya nos podemos echar todos unas risas con algunos de los momentos más memorables del viaje. La nueva sección "Vídeos de tercera" la teneis a mano derecha debajo de las fotos y cada enlace pertenece a un vídeo distinto...tardan un poco en cargarse así que paciencia.

De momento sólo hemos colgado uno de las islas Fiji pero durante estos días iremos ampliando la sección!

Gracias Javi por el soporte técnico!

martes, 25 de mayo de 2010

Embrujados en Siquijor

Publicado por Eva

Junto con nuestros nuevos compañeros de viaje, la pareja de alemanes Maria y Jochen, pusimos rumbo a Siquijor la isla más al sur de la Visayas y una de las más pequeñas. También es conocida por sus brujas y curanderos que te quitan todos los males arrancándote el órgano afectado con la mano…


Cuando llegamos eran pasadas las 11 de la noche, así que no teníamos muchas esperanzas de encontrar algún hotel abierto ya que al ser una isla tan poco turística no tiene muchas opciones baratas y las que tiene están bastante separadas entre sí, pero por suerte encontramos una habitación para los 4…

La isla es tan pequeña que te la puedes recorrer en un par de horas en moto. Así que como le estamos pillando el gustillo a lo de ir motorizados, a la mañana siguiente alquilamos una para descubrir lo maravillosa que es Siquijor. Por aquí a las 10 de la mañana ya hace un calor horrible, así que la primera parada fue la playa de Solangón.


Un lugar paradisíaco con arena blanca, agua cristalina y unos cocoteros que daban una sombra que no tenía precio. Lo mejor de todo es que teníamos toda la playa para nosotros 4!!! Un auténtico lujo!!!


Al rato, volvimos a la carretera en busca de unas cascadas, la verdad nos costó un poco encontrarlas… y otra vez al remojo que hacía mucho calor!!!



Cómo sólo habían locales fuimos la sensación nada más poner el pie en ellas…Después de tanto baño lo mejor era ir a comer algo, así que paramos en un pueblecito a degustar comida local. La comida en Filipinas está muy bien aunque no sería el paraíso para un vegetariano. Por un lado están los puestos de barbacoa con su pinchitos de cerdo o muslos de pollo recién hechos (también hay pinchitos de intestinos, hígado y otros órganos que de momento los dejamos para los locales).


Por otro lado están los restaurantes “turo-turo” donde hay un montón de comida ya cocinada, tú miras y eliges lo que quieres. Como los platos son tan pequeños como los nuestros de postre, te puedes pedir varios y probar varias cosas… normalmente los platos son de carne de cerdo, pollo o ternera, estofada de diferentes maneras o en adobo y por supuesto acompañada de arroz, todo muy bueno y por muy poco dinero!!!

Por la tarde fuimos a otra playa. Esta también era la típica de postal, pero aquí había más gente. El motivo era que estaban construyendo como una especie de resort de “isla fantasía” pero en pequeñito, con trampolines y toboganes todos acabados en el mar… muy divertido pero solo pudimos probar un trampolín ya que era lo único que estaba acabado…



Para poner la guinda a este fantástico día, nos fuimos a ver el atardecer a otra solitaria playa, donde solo se oía el ruido de las olas y el cielo se volvía rojo intenso…


Lo que no sabíamos es que todavía quedaba mucho por delante! En el hotel conocimos a un belga y después de cenar, los 5 nos fuimos en busca de un Karaoke ya que es una visita obligada si vienes a Filipinas. Lo que encontramos fue una especie de ceremonia de antiguos alumnos del colegio donde cada generación hacía una actuación, algunas mejores que otras pero es curiosos como los filipinos lo dan todo cuando tienen un micro en la mano. Después quedó la orquesta, la improvisada barra de bar que solo se utiliza en los días de fiesta y un montón de gente de todas las edades con ganas de marcha. En resumen, que solo faltaba el bingo para convertirse en las fiestas de mi pueblo. Al principio nos sentamos en una mesa a verlas venir, pero pronto acabamos en la pista con los locales… rápidamente nos convertimos en el centro de atención y todo el mundo quería hablar, hacerse fotos o bailar con nosotros y es que para muchos éramos los primeros extranjeros que conocían en su vida, así que nos trataron como auténticos invitados… cada cinco minutos tenías una copa en la mano (aunque por no abusar tampoco bebimos tanto) e incluso al final nos acercaron al hotel! Lo pasamos realmente bien y ya amanecía cuando nos fuimos a dormir. Así que al final nos quedamos fascinados por la magia de Siquijor y sobre todo por la gente que habita en ella…aunque no le hubiésemos dicho que no a ver un par de brujillas…

viernes, 21 de mayo de 2010

Del más grande al más pequeño

Publicado por Ra

Una vez ya no nos quedaba nada más por hacer en Donsol nos adentramos en Las Visayas, el grupo de islas centrales de Filipinas. Nuestro problema era que teníamos que bajar lo más rápido posible hasta la isla más al sur de todo el grupo, Bohol, nuestra siguiente parada en ruta. En las Visayas todo se mueve a ritmo de ferry, de los cientos y cientos de ferrys que se cruzan de isla en isla…y ante este panorama, elegir el correcto es sumamente importante si no quieres quedarte estancado en alguna ciudad sin interés alguno…y más teniendo en cuenta que sólo tenemos 3 semanas en total para visitar el país.

Lo primero era tomar un jeepney que nos acercara al puerto más cercano. Los jeepneys son una especie de bus local y es el medio de transporte más utilizado. Todos ellos están tuneados con imágenes mil y pintados de vivos colores…y su capacidad, aunque en principio sólo quepan 20 personas, es ilimitada.


Tras un primer ferry de 3 horas llegamos a Masbate con la intención de coger otro que nos llevase a Cebú. El ferry tarda unas 12 horas y llegamos unos 20 minutos antes de que zarpe. Tal y cómo veíamos venir nos dicen que está todo lleno y que debemos esperar un par de días al siguiente… ni de coña…así que intentamos hacer presión para meternos aunque sea sentados en el suelo. Finalmente quedan plazas libres y subimos por los pelos junto con las 2 chicas eslovacas y la pareja de alemanes que conocimos en Donsol. Nuestra idea sobre qué tipo de barco nos íbamos a encontrar no acabó siendo la acertada. Esperábamos algo así como un piso lleno de asientos de madera o algo por el estilo. Nada de eso…aquí todo el mundo tiene su cama…bueno, su litera de plástico… cientos de literas confinadas en la cubierta del barco…y si viajas en económico como nosotros pues lo haces con los locales y sin aire acondicionado ( a veces te toca al lado del motor y pasas una calor insoportable).


Al final el trayecto acabó siendo gracioso y todo aunque dormir lo que se dice dormir poco…yo tuve la gran “suerte” de pillar cama justo al lado de donde dejaban a todos los gallos que van a pelear…así que cuando el primero de ellos se desveló hacia eso de las 3 de la mañana, los demás le siguieron y se hizo imposible conciliar el sueño…qué majos estos animalillos.

Y tras llegar a Cebú cogimos otro barco de 5 horas que nos dejaría en nuestro destino final, la isla de Bohol…no estaba mal, al final unas 36 horas viajando por mar pero conseguimos nuestro objetivo…a partir de ahora sólo iríamos subiendo de isla en isla hasta volver a Manila.


Bohol es una isla sin muchos atractivos, con una ciudad (Tagbilaran) bastante fea y con un único interés para nosotros… ejem, más bien para Eva… y ése era el de poder ver en semi libertad al tarsero. Si hace un par de días nadábamos con el pez más grande ahora íbamos camino de ver al primate más ancestral y uno de los más pequeños del mundo (en la palma de la mano caben unos cuantos)…y una vez visto no me cabe duda de que se inspiraron en este bichito para dar vida a personajes tan famosos como Gollum o Yoda.


Lo que hicimos fue alquilar una moto para todo el día y descubrir la isla a nuestro aire… lo de la moto también es de risa…el carnet te lo piden sólo para ver cómo son los carnets en el extranjero y ni casco ni leches…eso sí, se va de fresquito que da gusto porque aquí el sol pica con ganas…

La primera parada fue en el centro de conservación del tarsero donde pudimos ver a cuatro ejemplares. Son animales nocturnos y cada vez quedan menos así que verlos en el centro en su propio hábitat fue mucho mejor que verlos en jaulas.


Después nos dedicamos a ver pueblitos y sobretodo praderas y montes verdes…la verdad no nos esperábamos Filipinas tan verde y salvaje…ha sido una sorpresa la mar de agradable.


Como Bohol no es conocida por tener buenas playas le dedicamos todo el día al interior y hacia al mediodía llegamos a las Chocolate hills… una serie de cientos de pequeñas colinas que en otoño se cubren de hojas marrones y dan un aspecto como si se tratara de un campo lleno de bombones…


Allí volvimos a coincidir con los alemanes y nos fuimos de ruta por los pueblos menos trillados en los que apenas están acostumbrados a ver extranjeros…y se nota…durante todo el trayecto en moto, todos en la carretera, pueblos, casas se giran para saludarte y gritarte un “hellou” para que les hagas caso…lo mejor son los niños…Eva se pasó todo el camino con la mano en alto como si de la reina se tratara…otra agradable sorpresa de Filipinas es la gente local que nos estamos encontrando…ojalá todos los países en Asia fueran un poco más como Filipinas…la gente es sencilla y te saluda nada más verte, se acerca y se te interesa por ti…pero siempre en el buen sentido…son bastante tímidos pero con la mayoría consigues entablar conversación.

Bohol también está llena de iglesias antiguas y casi medio derruidas…aquí la religión es un tema muy importante…casi tanto como el karaoke.

Finalmente hemos pasado 3 días en la isla…no porque quisiéramos sino porque nos hemos visto obligados puesto que el ferry que queríamos coger el día anterior estaba lleno y tuvimos que hacer una noche más. Aprovechamos el día para ir al barbero en mi caso, hacer algunas compritas y pasear por la isla de Panglao. Finalmente conseguimos ticket para el día siguiente (no las teníamos todas con nosotros…) destino a la isla de Siquijor…pero eso ya es otro cantar.